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Enfermedades autoinmunes

31 jul
4 min de lectura

Nota sobre el lenguaje: Para facilitar la lectura, en este artículo utilizamos el término "mujeres" para referirnos a las personas asignadas al sexo femenino al nacer.Reconocemos que el sexo biológico y la identidad de género son conceptos distintos y que no todas las personas asignadas al sexo femenino al nacer se identifican como mujeres


Las enfermedades autoinmunes afectan aproximadamente al 8% de la población mundial, y cerca del 80% de las personas diagnosticadas son mujeres. Estas condiciones ocurren cuando el sistema inmune, el "ejército" encargado de protegernos de virus, bacterias y otros agentes externos, deja de reconocer correctamente al propio cuerpo y comienza a atacar sus propios tejidos.


Durante su desarrollo, el sistema inmune se "entrena" para distinguir entre lo que pertenece al organismo y lo que es ajeno. Sin embargo, cuando alguno de estos mecanismos de seguridad falla, puede perder esa capacidad de reconocer lo propio y atacar por error células o tejidos sanos. Dependiendo del tipo de enfermedad, este ataque puede afectar la piel, las articulaciones, el sistema digestivo, las glándulas endocrinas, los riñones, el sistema nervioso, el corazón y muchos otros órganos.


El sistema inmune no funciona exactamente igual en mujeres y hombres. En general, las mujeres desarrollan respuestas inmunes más robustas frente a infecciones y vacunas, mientras que los hombres presentan diferencias en la forma en que responden a procesos inflamatorios. Aunque estas diferencias biológicas son conocidas desde hace tiempo, durante muchos años gran parte de la investigación sobre enfermedades autoinmunes, especialmente los estudios en modelos animales, se realizó casi exclusivamente en ratones machos. Esto ha limitado nuestra comprensión de cómo se desarrollan estas enfermedades y de cómo responden los tratamientos en mujeres, contribuyendo a importantes vacíos de conocimiento.


Las enfermedades autoinmunes tienen un origen complejo en el que interactúan factores hormonales, genéticos y ambientales. Sin embargo, todavía no se conoce por completo qué desencadena su aparición.


Una de las explicaciones del por qué las mujeres presentan una mayor frecuencia de estas enfermedades es que, a lo largo de la vida, atraviesan varias transiciones hormonales importantes, como la pubertad, el embarazo y la menopausia. Durante estas etapas ocurren cambios significativos en los niveles hormonales que influyen directamente en el funcionamiento del sistema inmune y pueden modificar la actividad de procesos inflamatorios y enfermedades autoinmunes.


Algunas enfermedades autoinmunes pueden aparecer por primera vez o presentar cambios en su actividad durante la perimenopausia y la posmenopausia. En estas etapas también se modifica el equilibrio entre distintas células del sistema inmune, lo que puede influir en la aparición o el empeoramiento de algunos síntomas. Entre las hormonas más estudiadas se encuentra el estrógeno, que participa en la regulación del sistema inmune y se considera uno de los factores que, junto con la genética y el ambiente, podrían contribuir a la mayor susceptibilidad femenina a desarrollar enfermedades autoinmunes.


Los cambios en el funcionamiento del sistema inmune no ocurren únicamente durante la menopausia. A lo largo de la vida “reproductiva”, otras etapas, como el embarazo, también implican adaptaciones importantes que pueden modificar la actividad de las enfermedades autoinmunes. Durante el embarazo, el sistema inmune experimenta una serie de ajustes que permiten el desarrollo del bebé sin dejar de proteger a la madre frente a infecciones. Estos cambios no afectan de la misma manera a todas las enfermedades autoinmunes. Algunas pueden aumentar su actividad, mientras que otras tienden a mejorar, dependiendo del tipo de respuesta inmunológica involucrada.


Por ejemplo, en algunas personas con lupus la actividad de la enfermedad puede aumentar durante el embarazo, especialmente si no se encontraba bien controlada antes de la concepción. En cambio, enfermedades como la artritis reumatoide y la esclerosis múltiple suelen disminuir su actividad durante el embarazo, aunque es frecuente que presenten recaídas después del parto.


La predisposición genética también desempeña un papel importante. El ADN contiene toda la información necesaria para el funcionamiento de nuestro cuerpo y puede compararse con un gran manual de instrucciones. Dentro del ADN existen pequeñas secciones llamadas genes, que contienen las instrucciones para que las diferentes partes del cuerpo funcionen correctamente. En ocasiones pueden ocurrir cambios en estos genes, conocidos como mutaciones, que aumentan la susceptibilidad a desarrollar determinadas enfermedades.


El ADN se organiza en estructuras llamadas cromosomas. Mientras que los hombres tienen un cromosoma X y uno Y, las mujeres tienen dos cromosomas X. El cromosoma X contiene más genes relacionados con el sistema inmune que el cromosoma Y. Alteraciones en algunos de estos genes podrían contribuir al mayor riesgo de desarrollar enfermedades autoinmunes en mujeres, aunque este es solo uno de los múltiples factores involucrados.


Las enfermedades autoinmunes representan un desafío importante para la salud femenina. Durante décadas, la investigación científica y el desarrollo de tratamientos no consideraron suficientemente las diferencias biológicas entre mujeres y hombres, lo que ha contribuido a diagnósticos tardíos, menor reconocimiento de los síntomas y vacíos en la atención clínica. Continuar investigando estas diferencias permitirá desarrollar estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento más precisas, mejorando la calidad de vida y promoviendo una atención más equitativa para las mujeres que viven con estas enfermedades.


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